IV
Las relaciones de trabajo que forman la base de la civilización, y por tanto la civilización misma, serian “apoyadas” por la energía instintiva no desexualizada. El problema del trabajo, de la actividad socialmente útil, sin sublimación (represiva) puede ser enfrentado ahora. Aparece como el problema que representa un cambio en el carácter del trabajo mediante el cual este ultimo seria asimilado al juego –el libre juego de las facultades humanas -.
Puesto que cuando menos son obstaculizados y dirigidos por los intereses de la dominación los esfuerzos por obtener satisfacción, más libremente puede apoyarse en si mismo la libido para la satisfacción de las grandes necesidades vitales (reales). La sublimación y la dominación avanzan juntas. Y la disolución de la primera, con la transformación de la estructura instintiva, transformaría también la actitud básica hacia el hombre y la naturaleza que ha sido característica en la civilización moderna.
“El poder constructor de cultura de Eros es la sublimación no represiva: la sexualidad no es ni desviada ni apartada de su objetivo, trasciende hasta otros, buscando una gratificación mas completa (…) Eros significa un aumento cuantitativo y cualitativo de la sexualidad.” (H. Marcuse, Eros y Civilización)
La transformación del trabajo enajenado en el libre juego de las facultades humanas, tiene consecuentemente un valor estético importante. En la civilización moderna, los valores estéticos pueden funcionar en la vida como adorno y elevación cultural o como afición particular, pero vivir con estos valores es el privilegio del artista o la marca del genio bohemio decadente. Ante la corte de la razón teórica y práctica, que le ha dado forma al mundo del principio de actuación, la existencia estética esta condenada. Sin embargo este concepto de la estética es el resultado de una “represión cultural” más de los contenidos y verdades que se oponen al principio de actuación.
“(…) uno puede establecer leyes universales de la sensualidad del mismo modo que puede establecer leyes generales del entendimiento; por tanto, hay una ciencia de la sensualidad: la estética, y una ciencia del entendimiento: la lógica. Los principios y verdades de la sensualidad proporcionan el contenido de la estética, y el objetivo y el propósito de la estética es el perfeccionamiento del conocimiento sensual. Esta perfección es la belleza” (Aesthetica, Baumgarten)
Puesto que fue la civilización misma fue la que le ”infirió al hombre moderno esta herida”, solo una nueva forma de civilización puede curarla. La civilización ha subyugado la sensualidad a la razón.
“(…) el gozo esta separado del trabajo, los medios del fin, el esfuerzo de la recompensa. Encadenado eternamente solo a un pequeño fragmento de la totalidad, el hombre se ve a si mismo solo como un fragmento; escuchando siempre solo el monótono girar de la rueda que se mueve, nunca desarrolla la armonía del ser, y, en lugar de darle forma a la humanidad que yace en su naturaleza, llega a ser una mera estampa de su ocupación, de su ciencia” (Schiller)
La cultura estética presupone una revolución total en las formas de percepción y sentimiento, y tal revolución solo llega a ser posible si la civilización ha alcanzado su más alta madurez física e intelectual. Solo cuando el “constreñimiento de la necesidad” sea reemplazado por el “constreñimiento de lo superfluo” (la abundancia), la existencia humana será impulsada a “un libre movimiento que es en si mismo tanto el fin como los medios”. Liberado de las presiones de los propósitos dolorosos y la actuación exigidas por la necesidad, el hombre será restaurado dentro de la “libertad para ser lo que tendrá que ser”. Pero lo que “tendrá” que ser será la libertad misma: la libertad es la imaginación. Ella traza y proyecta las potencialidades de todo ser; liberada como “formas puras”. Como tal constituye un orden propio; existe “de acuerdo con las leyes de la belleza” (Schiller)
El impulso no aspira a jugar “con” algo; más bien es el juego de la vida misma, más allá de la necesidad y la compulsión externa –es la manifestación de una existencia sin miedo y ansiedad, y, así, es la manifestación de la libertad misma -. El hombre es libre solo cuando esta libre de constreñimiento, externo e interno, físico y moral –cuando no esta constreñido ni por la ley ni por la necesidad -.
Es por eso que la investigación busca la solución de un problema “político”, como diría Schiller: la liberación del hombre de una condición existencial inhumana.
Es importante entender que el propósito esta en la transformación de la fatiga (el trabajo) en juego, y de la producción represiva en un “despliegue”; en la autosublimación de la sensualidad (del impulso sensual, principio del placer) y la desublimacion de la razón (del impulso de la forma, principio de la realidad) para reconciliar a los dos impulsos antagónicos básicos en uno mas sublime. Puesto que la vida se ha convertido en una instancia dolorosa, el hombre se ha visto sometido a ocultarse en problemas existenciales, que sucumben sus facultades emocionales y sexuales. Esto ha transformado a la civilización dueña del hombre, siendo el hombre su creador, ahora un forastero. La resignación del hombre moderno la podemos citar perfectamente en estas palabras.
“Entre todas las cosas, el trabajo duro ha llegado a ser una virtud en lugar de la maldición que siempre fue anunciada por nuestros remotos ancestros (…) Nuestro niños deben ser preparados para llevar a sus hijos adelante para que no tengan que trabajar como una necesidad neurótica. La necesidad de trabajar es un síntoma neurótico. Es una tarea. Es un intento de hacer que uno mismo se sienta valioso inclusive cuando no hay ninguna necesidad particular de que uno trabaje”
(C. B. Chisholm)
Las relaciones de trabajo que forman la base de la civilización, y por tanto la civilización misma, serian “apoyadas” por la energía instintiva no desexualizada. El problema del trabajo, de la actividad socialmente útil, sin sublimación (represiva) puede ser enfrentado ahora. Aparece como el problema que representa un cambio en el carácter del trabajo mediante el cual este ultimo seria asimilado al juego –el libre juego de las facultades humanas -.
Puesto que cuando menos son obstaculizados y dirigidos por los intereses de la dominación los esfuerzos por obtener satisfacción, más libremente puede apoyarse en si mismo la libido para la satisfacción de las grandes necesidades vitales (reales). La sublimación y la dominación avanzan juntas. Y la disolución de la primera, con la transformación de la estructura instintiva, transformaría también la actitud básica hacia el hombre y la naturaleza que ha sido característica en la civilización moderna.
“El poder constructor de cultura de Eros es la sublimación no represiva: la sexualidad no es ni desviada ni apartada de su objetivo, trasciende hasta otros, buscando una gratificación mas completa (…) Eros significa un aumento cuantitativo y cualitativo de la sexualidad.” (H. Marcuse, Eros y Civilización)
La transformación del trabajo enajenado en el libre juego de las facultades humanas, tiene consecuentemente un valor estético importante. En la civilización moderna, los valores estéticos pueden funcionar en la vida como adorno y elevación cultural o como afición particular, pero vivir con estos valores es el privilegio del artista o la marca del genio bohemio decadente. Ante la corte de la razón teórica y práctica, que le ha dado forma al mundo del principio de actuación, la existencia estética esta condenada. Sin embargo este concepto de la estética es el resultado de una “represión cultural” más de los contenidos y verdades que se oponen al principio de actuación.
“(…) uno puede establecer leyes universales de la sensualidad del mismo modo que puede establecer leyes generales del entendimiento; por tanto, hay una ciencia de la sensualidad: la estética, y una ciencia del entendimiento: la lógica. Los principios y verdades de la sensualidad proporcionan el contenido de la estética, y el objetivo y el propósito de la estética es el perfeccionamiento del conocimiento sensual. Esta perfección es la belleza” (Aesthetica, Baumgarten)
Puesto que fue la civilización misma fue la que le ”infirió al hombre moderno esta herida”, solo una nueva forma de civilización puede curarla. La civilización ha subyugado la sensualidad a la razón.
“(…) el gozo esta separado del trabajo, los medios del fin, el esfuerzo de la recompensa. Encadenado eternamente solo a un pequeño fragmento de la totalidad, el hombre se ve a si mismo solo como un fragmento; escuchando siempre solo el monótono girar de la rueda que se mueve, nunca desarrolla la armonía del ser, y, en lugar de darle forma a la humanidad que yace en su naturaleza, llega a ser una mera estampa de su ocupación, de su ciencia” (Schiller)
La cultura estética presupone una revolución total en las formas de percepción y sentimiento, y tal revolución solo llega a ser posible si la civilización ha alcanzado su más alta madurez física e intelectual. Solo cuando el “constreñimiento de la necesidad” sea reemplazado por el “constreñimiento de lo superfluo” (la abundancia), la existencia humana será impulsada a “un libre movimiento que es en si mismo tanto el fin como los medios”. Liberado de las presiones de los propósitos dolorosos y la actuación exigidas por la necesidad, el hombre será restaurado dentro de la “libertad para ser lo que tendrá que ser”. Pero lo que “tendrá” que ser será la libertad misma: la libertad es la imaginación. Ella traza y proyecta las potencialidades de todo ser; liberada como “formas puras”. Como tal constituye un orden propio; existe “de acuerdo con las leyes de la belleza” (Schiller)
El impulso no aspira a jugar “con” algo; más bien es el juego de la vida misma, más allá de la necesidad y la compulsión externa –es la manifestación de una existencia sin miedo y ansiedad, y, así, es la manifestación de la libertad misma -. El hombre es libre solo cuando esta libre de constreñimiento, externo e interno, físico y moral –cuando no esta constreñido ni por la ley ni por la necesidad -.
Es por eso que la investigación busca la solución de un problema “político”, como diría Schiller: la liberación del hombre de una condición existencial inhumana.
Es importante entender que el propósito esta en la transformación de la fatiga (el trabajo) en juego, y de la producción represiva en un “despliegue”; en la autosublimación de la sensualidad (del impulso sensual, principio del placer) y la desublimacion de la razón (del impulso de la forma, principio de la realidad) para reconciliar a los dos impulsos antagónicos básicos en uno mas sublime. Puesto que la vida se ha convertido en una instancia dolorosa, el hombre se ha visto sometido a ocultarse en problemas existenciales, que sucumben sus facultades emocionales y sexuales. Esto ha transformado a la civilización dueña del hombre, siendo el hombre su creador, ahora un forastero. La resignación del hombre moderno la podemos citar perfectamente en estas palabras.
“Entre todas las cosas, el trabajo duro ha llegado a ser una virtud en lugar de la maldición que siempre fue anunciada por nuestros remotos ancestros (…) Nuestro niños deben ser preparados para llevar a sus hijos adelante para que no tengan que trabajar como una necesidad neurótica. La necesidad de trabajar es un síntoma neurótico. Es una tarea. Es un intento de hacer que uno mismo se sienta valioso inclusive cuando no hay ninguna necesidad particular de que uno trabaje”
(C. B. Chisholm)
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