miércoles, 22 de julio de 2009

Breve esbozo analítico al Freudmarxismo [parte III]

III


Hemos hablado del conflicto existente entre lo que es el trabajo enajenado y el libre juego de las facultades humanas. Pero, en si mismo, ¿cuál es la necesidad real de la humanidad? En el trasfondo de todo este mecanismo podemos desentrañar que la principal necesidad real que existe en el hombre es la libertad. La libertad entendida como el instinto libidinal no sublimado (en términos freudianos). Lo que la sociedad moderna ha hecho con el instinto libidinal del hombre es desublimarlo, y reducirlo al exclusivo ámbito de la genitalidad, cuando en realidad el cuerpo mismo del hombre es sólo ansia de libertad. La desublimación del instinto libidinal y su encasillamiento en su genitalidad permiten a la sociedad moderna disponer del resto del cuerpo humano para la producción capitalista, del resto de la energía humana no utilizada para la mecanización del trabajo hostil.

Puesto que la duración del día de trabajo es, en si misma, uno de los principales factores represivos impuestos sobre el principio del placer por el principio de la realidad. El trabajo enajenado reprime las potencialidades humanas y, por tanto, reprime también los “impulsos de componente libidinal” que pueden entrar dentro del trabajo.

Así, la sublimación significa un cambio en la aspiración y el objetivo del instinto “con respecto al cual nuestros valores sociales entran en el cuadro” (Nuevas aportaciones al psicoanálisis, Freud). La sublimación opera entonces en una estructura instintiva precondicionada, que incluye la restricción funcional y temporal de la sexualidad y emocionalidad, su canalización dentro de la reproducción monogámica y la desexualizacion de la mayor parte del cuerpo. Sin embargo, hay otras formas de sublimación. Freud habla de impulsos sexuales inhibidos de sus aspiraciones que no necesitan ser descritos como sublimados aunque están “estrechamente relacionados” con los impulsos sublimados. “Ellos no han abandonado sus aspiraciones sexuales directas, pero son mantenidos atrás por resistencias internas que les impiden alcanzarlas: ellos descansan tranquilos con ciertas aproximaciones a la satisfacción”. Freud los llamas “instintos sociales” y menciona como ejemplos “la relación afectuosa entre padres e hijos, los sentimientos de amistad y las ligas emocionales en el matrimonio que tiene su origen en la atracción sexual” (La teoría de la libido, Freud)

Hemos hablado de la autosublimación de la sexualidad. El término implica que la sexualidad puede, bajo condiciones específicas, crear relaciones humanas altamente civilizadas sin estar sujeto a la organización represiva que la civilización establecida ha impuesto sobre el instinto. Tal autosublimación presupone un progreso histórico mas allá de las instituciones del principio de actuación, que a su vez liberaría la regresión instintiva. Con esta restauración de la estructura original de la sexualidad, la dominación de la función genital es rota -del mismo modo que la desexualizacion del cuerpo acompaña a esta dominación -.

“La diferencia entre la neurosis y una sublimación es evidentemente el aspecto social del fenómeno. Una neurosis aísla; mientras que una sublimación une. En una sublimación algo nuevo es creado –una casa, una comunidad, una herramienta- y es creado en un grupo para el uso de un grupo” (The Origin and Function of Culture, Roheim)

La libido puede tomar el camino de la autosublimación solo como un fenómeno social: “como una fuerza irreprimida que puede promover la formación de la cultura solo bajo condiciones que relacionan a individuos asociados entre si en el cultivo del medio ambiente para sus necesidades y facultades en desarrollo” (H. Marcuse). Si el organismo (cuerpo) existe no como instrumento de trabajo enajenado, sino como un sujeto de autorrealización –en otras palabras, si el trabajo socialmente útil es al mismo tiempo la transparente satisfacción de una necesidad individual-.

Debe advertirse que Freud une a la libido no solo con la satisfacción de las grandes necesidades vitales (necesidades reales), sino también con los esfuerzos humanos unidos para obtener satisfacción y, por tanto, con los procesos del trabajo:

“(…) la experiencia ha mostrado que en los casos de colaboración los lazos libidinales se forman regularmente entre los camaradas trabajadores que prolongan y solidifican las relaciones entre ellos hasta un punto que esta más allá del de la ganancia.” (El malestar de la cultura, Freud).

Hay sublimación, y consecuentemente, cultura; pero esta sublimación actúa dentro de un sistema relaciones libidinales duraderas y en expansión, que son en si mismas relaciones de trabajo.

“El impulso biológico llega a ser un impulso cultural. El principio del placer revela su propia dialéctica. La aspiración erótica de mantener todo el cuerpo como sujeto-objeto del placer pide el refinamiento continuo del organismo, la intensificación de su receptividad, el crecimiento de su sensualidad “(Eros y Civilización, H. Marcuse)

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