miércoles, 22 de julio de 2009

Breve esbozo analítico al Freudmarxismo [parte I]

I



La civilización moderna (capitalista), tal cual como la vivimos hoy, se desarrolla cotidianamente bajo características miserables y perversas, en las cuales podemos ver sus síntomas en la lucha desenfrenada de la competencia económica, la rivalidad, las inseguridades humanas, las ambiciones y las perversiones sexuales. El aumento significativo en el número de personas con enfermedades mentales, es un síntoma de la sociedad moderna. Es un tema no solo económico ni político, sino que psicológico de las masas, los que se están detrás de toda esta maleza ideológica capitalista, en la cual afirmamos que los problemas psicológicos se transforman en problemas políticos.

Los impulsos autodestructivos de la sociedad y de los individuos en ella, son elementos que constituyen la base para la sumisión y la aceptación -por parte de las masas- de formas de gobierno autoritarias y dictatoriales. La sociedad moderna ha llegado a tal punto de dominación, que es capaz de asimilar cualquier forma de oposición que surja al interior de sí misma (ya sean estas movimientos de izquierda, antisistémicos, etc.), y por tanto no existe ningún movimiento individual ni colectivo capaz de oponérsele (como único organismo) o de socavar sus raíces socioeconómicas por completo.

Este hecho se contrasta fundamentalmente con el capitalismo temprano (llamamos capitalismo temprano, a los inicios de este, cuando sus efectos eran menos destructivos que ahora y su organización económica era mas anárquica que hoy), en que el movimiento proletario era una fuerza con el potencial efectivo para derribar al régimen capitalista. El capitalismo avanzado (de hoy), en cambio, ha generado a través de los estados de bienestar una cortina ilusoria efectiva, puesto que asimila una mejora en el nivel de vida de los obreros, pero que en realidad es insignificante, que es miserable, pero contundente en sus efectos: el movimiento proletario en su orgánica esta desapareciendo, y aún los movimientos antisistémicos más emblemáticos, como lo fue el movimiento punk-anarquista, o el movimiento hippie anteriormente, han sido asimilados por la sociedad y orientados a operar para los fines que la sociedad coactiva reconoce como válidos.

El motivo de esta asimilación, consiste en que el contenido mismo de la conciencia humana ha sido fetichizado, y que las necesidades mismas que el hombre inmerso en esta sociedad reconoce, son necesidades no-reales, son necesidades producidas por la sociedad moderna, por las subjetividades que la sociedad produce y reproduce a diario, que están orientadas a los fines del modelo capitalista actual. En este contexto, se distingue entre las necesidades reales; que son las que provienen de la naturaleza misma del hombre, y las necesidades no-reales que provienen de la conciencia alienada, y son producidas por la sociedad moderna. La distinción entre ambas necesidades sólo puede ser juzgada por el mismo hombre, puesto que sus necesidades reales sólo él las conoce en su fuero más íntimo; sin embargo, como la misma conciencia está alienada, el hombre se ve en una lucha constante para realizar esa distinción.

Pero las variables económicas no pueden ser las únicas que expliquen la conducta social de la sociedad moderna, por el contrario, las reacciones psicológicas, sustentadas en las mociones pulsionales de vida y de muerte (instinto de vida, instinto de muerte, respectivamente) constituyen un eslabón importante para el entendimiento de la civilización. Tampoco podemos ignorar la influencia de lo cultural en el comportamiento humano, sus relaciones sociales y su entendimiento con la naturaleza. Estos factores, que operan fusionados, pueden demostrar cual es su interrelación y que papel juegan en la producción, promoción o inhibición de los diferentes comportamientos humanos.

Para el psicoanalista W. Reich la mayor parte de la población sufre patologías mentales y vive en condiciones de fuerte represión emocional y sexual. Reich mediante la aplicación del materialismo histórico de K. Marx (y la tradición marxista), considera profundamente que el dominio de una clase social sobre otra, necesita que la mayor parte de la población sufra una atrofia en su vida sexual y emocional, pues eso garantiza a las clases dominantes individuos pasivos y que acaten la autoridad sin cuestionamientos. De esta manera, Reich concluye que el capitalismo es incompatible con la salud mental de la población, y que sólo se podrá revertir esta condición existencial, a través de la abolición de la sociedad de clases, es decir, a través de la revolución socialista.

La instancia fundamental de la formación de la conciencia humana está en la niñez, tal como se vive al interior de la familia. En esta etapa, el hombre que se está formando adquiere sus categorías normativas y todo su marco de referencia para enfrentar el mundo. Lo que la sociedad moderna ha trasmutado es precisamente ese ámbito familiar, en que la sociedad misma alienante se ha introducido a través de los medios de comunicación de masas, reemplazando a la familia, y formando a los hombres con categorías que no salen de él mismo, sino del capitalismo. Categorías con metas fetichizadas y no integrativas. Las necesidades del hombre, así como sus anhelos, sueños y valores, todo ha sido producido por la sociedad, a través del juego de las subjetividades que los mass-medias y el juego del consumismo, que nos es bombardeado a diario.

Los individuos de hoy y bajo este régimen, viven y vivimos ligados al modelo familiar autoritario, que es el contexto en el cual se ha producido el proceso de subjetivación. Pero a pesar de que la represión milenaria de la sexualidad es mucho más antigua que la represión del capitalismo como forma política, esta “represión culmina en la producción de una coraza caracterológica que, tanto en el plano muscular, como en la vida emocional y social, impide la descarga orgásmica” (W. Reich, La función del Orgasmo)

La familia, en su papel de reproductora del orden social imperante, cumple la función de reiterar la modalidad familiar existente, como por ejemplo a través de la perpetuación de instituciones como el matrimonio y de principios morales como el del matrimonio indisoluble y la fidelidad conyugal.

Resumiendo, la función política de la familia patriarcal, genera la mutilación sexual de los sujetos y su repetición que se perpetúa a través del modelo de ese modelo familiar, generando trastornos sexuales, neurosis, perversiones, etc. En cuanto al carácter, la represión familiar, produce individuos acobardados ante la vida y temerosos de la autoridad, que favorecen la perpetuación de dirigentes que imponen su voluntad a las masas.

La familia burguesa, utiliza la represión sexual para someter al niño y para ello utiliza un dispositivo eficaz que es la religión, instrumento que establece precozmente, la angustia y la culpa ante la trasgresión. Esa sofocación de la sexualidad produce también, una inhibición en cuanto a la libertad y autonomía del sujeto y lo convierten en un campo propicio para el desarrollo de ideologías autoritarias, y que simultáneamente imprime a su conducta la rigidez enfermiza que sostendrá durante toda su vida los valores de “deber”.

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