Pasión e ídolos. Su consecuencia es el fanático: apasionado de la desdicha. Estos son los secretos del desgarramiento, de la incertidumbre perdida en una vida que no es propia. El apasionado, es aquel que no percibe los efectos de la admiración: el descenso a las profundidades de la escencia misma exige silencio. El talento que pocos poseen, la paciencia. Toda forma de talento va acompañada de una cierta desverguenza, de una especie de esperanza que avanza a paso de tortuga. Pero es una luz que no se extingue. Los libros y la musica son sus únicos temas de conversación. Apasionado, hemos de verlos en todos lados. Pero esta pasión conlleva a una competencia; todos pretenden la perfección. Amor que se cultiva, amor que exige devoción. No hay paz dentro de el, es una pugna constante entre lo racional y lo irracional de los actos y pensamientos. Un hombre de ninguna parte, de todos lados. Un animal vegetal que ha destruido su vida, para cultivar la de su maestro. Lo que cuenta en ellos no son sus sueños, sino sus impulsos. Ellos sienten lo que piensan, de hecho no piensan: estallan. Un fanático sin apego, es un fanático sin convicciones, un pensador híbrido, un ser que se destruye con cada acto. Han pasado de ser sujetos ha objetos. Objetización. De objetos a cosas. Cosificación. Reificación, extrañamiento, un hombre totalmente alienado en su pasión. Jamás se encontrará a si mismo.
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